De ángel a adolescente

Mi sobrino Tomás, el más pequeño entre sus hermanos y consentido de todos, pasó de una semana a otra de ser un tierno e inocente pequeño a un  desconocido para sus padres y resto de la familia. Luego de cumplir los 14 Tomi llegó a la temida edad del pavo.

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Imagen: Pediatra en Casa

Muchos padres esperan con miedo y aprensión ese momento en que el niño que nos abrazaba y quería estar con nosotros, pasa a alejarse y preferir a sus amigos antes de la familia, mostrándose avergonzados ante cualquier intervención paterna en la esfera pública.

Pero no sólo es un momento difícil para los padres, sino que también para el chico que en poco tiempo vio que su cuerpo se transformaba, aprendiendo a convivir no sólo con una nueva apariencia, sino que también con sentimientos y nuevos intereses que les tienen confundidos.

El chico se siente atrapado entre los adultos y los niños, sin poder situarse en ninguno de los dos grupos, por lo que tienden a agruparse entre ellos buscando la comprensión que muchas veces no encuentran en padres o hermanos mayores. Está la necesidad de imitar e ir probando diferentes estilos hasta encontrarse a si mismos, situándose tanto en un cuerpo nuevo, como también en una psiquis y una forma de socialización diferente.

La llegada a la adolescencia enciende la luz de alarma que todos los padres traen incluidas; nos preocupamos por drogas, alcohol, sexo, malas amistades, y todo lo imaginable. El poder conversar con los jóvenes se vuelve una tarea titánica ya que al parecer se manejan diferentes idiomas. Es importante el que se sientan cómodos de acudir a sus mayores en la búsqueda de guía o solución a sus interrogantes antes de que las satisfagan con amigos o en la Internet, obteniendo respuesta que pueden llevarles por malos caminos.

Quizá nunca logremos entender por completo al adolescente, pero es el minuto de comenzar un nuevo tipo de relación, haciéndoles saber que no importa lo que haya ocurrido estaremos siempre disponibles para ellos y que ningún tema queda fuera de una conversación honesta con nosotros.

Los padres no son los enemigos, sino que los aliados en un proceso que terminara en la adultez y en nuevo tipo de relación que se dará casi entre iguales.

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