Dar la palabra a los hijos

Yo sé que mucha gente cree que son bobadas, pero desde que mi hijo nació he tenido claro que quería tratarle como una persona, no como algo que nos pertenece. De manera que cuando venían a casa las visitas no les ofrecía el niño para que lo cogieran, pero si lo pedían, antes se lo decía al bebé: “Ahora te va a coger la abuela”. Me miraban como si estuviera loca, pero yo me quedaba más tranquila, sin tener la sensación de que aquello era un juego de pasarse la pelota.

Según el niño iba creciendo siempre le hemos explicado todo. Muchas veces le ha tocado dormir en casa de familiares y amigos debido a nuestro trabajo, pero incluso cuando aún tenía meses, siempre le explicamos que tenía que quedarse y que volveríamos a por él. “Pero si no os entiende”, nos decían. Tal vez no, pero entiende que nos dirigimos a él, que le tenemos en cuenta, que estamos tranquilos. Nunca nos marchamos sin avisarle para evitar que llorara y él muy pocas veces ha llorado.

Cuando pregunta sus dudas solemos contestarle “¿qué crees tú?”, para que se acostumbre a tener una opinión propia y vea que valoramos lo que piensa. También le dejamos claro que por opinar diferente a él no pasa nada y que no siempre existe una sola opinión. “Está bien, tú crees eso, pero mamá cree otra cosa. Cada uno puede creer lo que quiera, no pasa nada”.

Yo sé que mi hijo no es más inteligente que los demás, pero sí es más maduro. Está acostumbrado a participar en las decisiones que le afectan, siempre que se puede, y a que se le tenga en cuenta. Él sabe que la última palabra en muchas cuestiones es nuestra, porque somos los encargados de su educación hasta que crezca, pero también sabe que pertenece a una familia y que la familia es un equipo en el que todos tienen su lugar.

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