Dame, dame, dame

Eso es lo que los niños suelen decir de pequeños. Eso o  "para mí, para mí". Los niños son muy celosos en las primeras etapas de la vida y, si por ellos fuera, tendrían un montón de cosas, todas las que vieran y les gustaran estarían en su carro de la compra y, si no cabieran todas, ya se las ingeniarían para que sí cupieran.

Desde que son pequeños debemos educar a nuestros hijos para que sepan que todos los caprichos que ellos tienen y todas las cosas que ven y desean no pueden tenerlas porque no es posible. A ellos no les vale que sus padres le digan que no le compran una cosa "porque no", porque a nadie nos gusta esa respuesta (pensad en vosotros cuando érais niños). Tampoco van a entender un planteamiento tan complicado como que "la economía está muy mal y con el sueldo del mes no llegamos porque…". Vamos, eso no lo entendemos ni nosotros mismos, que ya hacemos malabares para llegar a fin de mes sin comprar caprichos y llevando un antifaz en los ojos para no ver nada que no podamos comprar…

Los niños son niños, si, pero también saben entender las cosas y hay que explicarles el por qué de las cosas. Si no se puede comprar algo hay que explicarle el motivo, no zanjar el asunto con un "porque no" ya que eso lo único que conseguirá es que el niño desee más aún ese objeto y empiece a patalear, chillar, o se enfade y no nos quiera dirigir la palabra (con lo que nos sentiremos culpables y acabaremos comprándoselo).

De vez en cuando, al menos desde mi punto de vista, si es bueno darles algún que otro caprichito, siempre y cuando podamos permitídnoslo y el niño o niña se haya portado bien. Es como un regalito por ser como es. Seguro que nos lo agradecerán, y nos recordará a la ilusión que nosotros vivimos o hemos vivido cuando nos han regalado algo.

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