Curso nuevo, cole nuevo

A veces, por imperativos familiares, laborales o personales, no es posible que el niño o niña continúe su escolarización en ese primer colegio que elegimos con tanto mimo. Hay que procurar que la vida escolar sea lo más estable posible, pero si aun así hay que realizar el cambio, se debe involucrar al niño o niña para que su adaptación al nuevo centro sea favorable.

El cambio de colegio suele incidir sobre el rendimiento escolar del alumno o alumna. Generalmente, si el cambio es por razones educacionales (por ejemplo, para buscar una mayor calidad o un centro que se adecue más al estilo de aprendizaje del niño), el rendimiento suele mejorar, mientras que los cambios por razones no educacionales (por ejemplo, por divorcio o imperativos laborales) pueden tener un impacto negativo en los logros de aprendizaje, en la conducta del alumno o en sus relaciones sociales, sobre todo si el niño o niña presenta una actitud de rechazo a dicho cambio o no está preparado para ello.

Este efecto negativo está relacionado, además de con sus circunstancias familiares, con el esfuerzo que el alumno o alumna debe realizar para adaptarse a una nueva comunidad, hacer nuevos amigos y adecuarse a la metodología del nuevo colegio. Aunque si el cambio se prepara de forma adecuada y se eliminan sus temores, puede vivirse como una experiencia enriquecedora.

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