Curiosidad insaciable

Los niños y niñas son curiosos por naturaleza. Desde bien temprano descubren que el mundo es un lugar apasionante y despliegan una curiosidad sin límites por todo lo que sucede a su alrededor. Todo es nuevo y por ello, necesitan hacer preguntas sobre todas las cosas.

Es alrededor de los 3 o 4 años cuando el niño o la niña, salvo los más tímidos, llegan a la cúspide de la curiosidad y se lanza a hablar sin parar, a preguntar, a investigar…Muchas de sus preguntas se deben a inquietudes que tienen en ese momento, intelectuales, pero también pueden tener un fondo emocional. Dudas sobre la familia, sus relaciones, diferencias entre sexos…

A pesar de que en ocasiones resulte agotador, es importante que padres y madres atendamos y respondamos a sus preguntas. Así, lograremos que tengan una mayor comprensión sobre las cosas y que puedan llegar a liberar la capacidad de razonamiento, planificación y resolución de tareas.

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Además, estas preguntar les harán insertarse en conversaciones y, poco a poco, en las relaciones sociales.

Pero la curiosidad insaciable también les lleva, en ocasiones, a realizar preguntas incómodas e inoportunas y no siempre hallamos la mejor manera de contestarlas. Lo mejor es darle a la pregunta la importancia que se merece e intentar responderla más tarde. Así aprenderán a que hay temas que se deben tratar en privacidad. Si no sabemos la respuesta también debemos explicárselo para que se den cuenta de que las personas adultas no tienen respuesta para todo.

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