Curiosidad insaciable

Los niños descubren muy pronto que el mundo es apasionante y despliegan una curiosidad sin límites por todo lo que ocurre a su alrededor. Todo es nuevo para ellos y todo debe ser descubierto. Hacen preguntas sin fin, a las que hay que dar siempre respuesta.

Desde que el niño comienza a hablar hace innumerables preguntas. Sin embargo, es alrededor de los 3 ó 4 años cuando su interés y curiosidad por el mundo que le rodea es tan intenso que, salvo los más tímidos, se lanzan a hablar y parece que no van a parar nunca. Preguntan, comentan, describen con detalle lo que ven, lo que hacen y lo que imaginan. Los padres se sienten deleitados con la originalidad de sus preguntas, pero también pueden llegar a ser agotadores por su insistencia.

Algunas de las preguntas del niño obedecen a inquietudes intelectuales, sin embargo, otras muchas, tienen un fondo emocional, que podemos percibir, además, en la expresión de su cara o en su tono de voz. Son típicas las cuestiones sobre el nacimiento y la muerte, las relaciones familiares, si son deseados y queridos, la infancia de los mayores, las diferencias entre sexos, las étnicas y aquéllas derivadas de discapacidades físicas o mentales… Como no siempre formulan de forma explícita sus preguntas, debemos estar también atentos a las dudas que aparecen en sus juegos, en la proyección de películas, en los libros que leen o en sus confidencias.                           www.ningo.com.ar

Deja un comentario