¿Cuándo poner límites?

Una de las mayores preocupaciones de los padres es saber cuándo empezar a ponerse "duros" y exigentes con sus hijos.

Cuándo es el momento en que dejan de ser unos bebés a los que se les ríen las gracias para convertirse en unos niños capaces de seguir unas normas o reglas.

Este paso no es algo drástico que suceda de un día para otro, es una transición paulatina a la que los padres tenemos que adaptarnos en función del momento de maduración del niño. Por esta razón, no podemos exigirle según qué cosas en según qué momentos. 

En los tres primeros años de vida esto se consigue gracias a los rituales. Si nosotros acostumbramos al niño a que siga siempre una secuencia de acción (con la comida, con el baño, con el juego) es más fácil que participe en ella de principio a fin, aunque estas secuencias cada vez se vayan haciendo más complejas. Es importante ser lo más repetitivos posible en estas rutinas, sobre todo cuanto más desorganizado sea el niño en sus ritmos vitales (de comidas, de vigilia-sueño).

El niño no capta el mensaje que nosotros le verbalizamos, pero sí el tono emocional del mismo cuando le decimos las cosas de una forma seria, enfadada, divertida…

A la hora de enseñar un comportamiento adecuado a los niños pequeños habrá que ser muy persistente y repetitivo y, lo más probable, es que finalmente acabemos quitando el objeto de su vista, pero solo por un tiempo.

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