Consejos para una buena educación alimentaria

 

Planificar y llevar a la práctica los menús diarios que comerá toda la familia es sin duda una de las tareas más difíciles de la maternidad (o la paternidad). Un niño que está creciendo está forjando su sentido del gusto, está desarrollando paulatinamente su educación alimentaria, y cada decisión que los adultos a su cuidado tomemos, tendrá un gran impacto en la alimentación futura de nuestros hijos. Si a esos detalles sumamos que cada niño tiene un apetito diferente y que hay una serie de exigencias de familiares, vecinos, conocidos y extraños por lo que un niño “debe” de comer, el rompecabezas se hace cada vez más complicado.

Es por ello que en primer lugar, debemos deshacernos de la idea de que todos los niños comen lo mismo, iguales cantidades, iguales proporciones. Cada pequeño es infinitamente diferente y su forma de comer igual lo será. Mientras que esté contento, juegue, duerma y crezca (aunque sea despacio), querrá decir que come suficiente. Por otro lado, si nuestro pequeño es buen comedor, tampoco es una catástrofe o el fin del mundo. Hay muchas formas para regular que un niño no coma demasiado, más allá de lo que su cuerpo necesita, y para que consuma el excedente calórico que haya podido ingerir.

En ambos casos (de niños a quienes les gusta comer y niños que comen muy poco) es necesario inculcar buenos hábitos alimenticios. Que tengan la oportunidad de experimentar con gustos y texturas diferentes. Que no sólo coman cosas súper dulces y blandas, azucaradas o muy saladas. La idea tampoco es prohibir los dulces y las golosinas eventuales. La idea es más bien ofrecer un amplio abanico de posibilidades y texturas, ingredientes y recetas, de forma que un niño reciba igual de bien un trocito de zanahoria que un pastelillo de chocolate.

Ofrecer alimentos que no estén demasiado condimentados y fritos es muy interesante en el marco de este esfuerzo. Usar otras alternativas de cocción, por ejemplo la cocina al vapor (que es muy fácil si usamos los utensilios de cocina adecuados), o las ensaladas crudas, son una forma diferente de presentar los alimentos que puede resultar atractiva en cuanto a colores y gustos, y que sólo debemos presentar bien para llamar la atención de los pequeños. No negar platillos con la idea preconcebida de “al niño no le va a gustar”, es otro buen punto. Dejemos que el niño pruebe y experimente por sí mismo. El sabor de las aceitunas, de un tomate sin sal, de un higo seco…todo puede ser atractivo para un pequeño, la cosa es dejarlo probar.

La alimentación de un pequeño es una tarea dura si la queremos llevar a cabo bien. A la vez, si nosotros mismos llevamos una dieta saludable en términos generales, darle una buena educación alimentaria será mucho más sencillo.

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