Comer en la escuela

Una amiga que no trabaja fuera de casa tuvo a su primera hija y la niña salió mala comedora. Estaba desesperada con ella y cada comida era una pelea. Acababa chillándole y después se sentía fatal. La niña apenas comía y se pasaba las horas de la comida llorando. Yo le animaba para que le apuntara al comedor de la escuela, pero ella no quería porque tenía miedo a que no comiera nada. Además, su marido le decía que si ella estaba en casa, la pobre niña no iba a quedarse tantas horas en la escuela. Era evidente que no le tocaba a él pelear cada día con la niña. Si hubiera oído los llantos y los gritos no habría dicho lo mismo.

Finalmente, mi amiga se quedó embarazada y no le quedó más remedio que dejar a la niña en el comedor porque no se encontraba bien como para “luchar” con ella. Y se obró el milagro. Los primero días la niña comió poco, pero en una semana las profesoras le dijeron que comía todo.

Seguramente porque los demás niños también comen, o porque no tienen a nadie que haga caso de sus mañas, o porque si no acabas no sales al recreo, pero por lo que sea, en los comedores escolares la mayoría de los niños comen mejor que en casa. De paso aprenden a ser autónomos.

Mi amiga estaba como loca, “y yo tanto tiempo llevándome esos berrinches…”. Hubiera bastado con que le dejara una semana a modo de prueba, pero a veces les protegemos demasiado. Ahora, el fin de semana la niña sigue comiendo mal (aunque mejor que antes), pero ella ha cambiado de actitud. Como sabe que entre semana come bien, no se preocupa tanto, “Si no come, ya merendará”.

Deja un comentario