Cómo educar hijos e hijas únicos

Son muchos los tópicos que giran en torno al hijo único. Tradicionalmente se los ha considerado malcriados, egoístas, redichos o con dificultades para relacionarse con otros niños. Pero realmente no siempre se cumplen estas premisas…

La experiencia de ser hijo único conlleva de entrada una serie de ventajas e inconvenientes, que se pueden potenciar o mitigar según actuemos. Ser hijo único no determina en sí mismo el futuro del niño, sino que su evolución depende de la educación que reciba.

Es muy fácil caer en la tentación de mimar o proteger en exceso a nuestros hijos, tengamos uno o varios, pero, si se trata de hijos únicos, todo resulta más evidente y crucial. Por eso, debemos evitar, por ejemplo, la exuberancia material.

También una atención excesiva. Dedicarle a nuestro hijo la atención que necesita para sentirse querido está muy bien, pero no hay que consentir que se convierta en un tirano exigente. No hace falta estar pendiente de él las 24 horas del día. Establecer unos límites y aprender a decir que no es fundamental.

A veces, los padres y madres están tan encantados con su hijo o hija que apenas son capaces de negarle nada. De este modo, pronto aprenden que puede hacer todo lo que quiera.

Otro aspecto a evitar es protegerles demasiado y compensarles ese sentimiento de soledad por no haber tenido más hijos o hijas.

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