Chupete, amor y odio

Los detractores del chupete destacan el riesgo de malformaciones dentarias (malas oclusiones), trastornos bucales (caries, aftas…), transmisión de infecciones y el inicio tardío de la higiene bucodental.

Por otra parte, el uso del chupete se relaciona también con una duración más breve de la lactancia materna, ya que el patrón de succión del pezón y del chupete son diferentes, lo cual puede interferir en la correcta administración de dicha lactancia ya que, si el niño satisface parte de su necesidad de succión a través de este método no nutritivo, estimulará el pezón materno durante menos tiempo.

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Los que están a favor dicen que el reflejo de succión es innato, además de vital. El feto comienza a succionar su pulgar alrededor del quinto mes de embarazo, en un acto reflejo que le prepara para poder alimentarse desde el momento de su nacimiento. Además, la succión calma y reconforta al niño y le da placer y seguridad en los momentos de angustia, porque actúa como sedante. Hay muchos niños a los que les resulta imprescindible para dormir.

Además, su necesidad de succión durante el primer año de vida es tan fuerte que, si no tienen un chupete a mano, pueden utilizar el pulgar como sustituto, lo cual, además de ser menos higiénico, ejercerá una mayor presión sobre su paladar.

Hay estudios que relacionan el uso del chupete con la menor incidencia de la muerte súbita y con la disminución de los períodos de apnea. Por eso, muchos pediatras no se oponen al uso del chupete, aunque sí recomiendan no ofrecérselo al niño hasta que no haya aprendido a mamar correctamente, para que no interfiera en su alimentación.

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