Calambres durante el embarazo

Los calambres forman parte de esos pequeños problemas propios del embarazo: no revisten gravedad, pero son molestos. Reconocerlos es aprender a combatirlos.

Esta contractura involuntaria, pasajera y dolorosa de uno o varios músculos suele producirse a la altura de la pantorrilla. Es debida a un problema de vascularización del músculo y no se sabe cómo se origina (actualmente los especialistas creen que se debe a un exceso de ácido láctico, signo de fatiga muscular).

Las mujeres que ya son propensas a los calambres antes del embarazo tienen más probabilidades de sufrirlos cuando están en estado. A parte de los calambres asociados a la permanencia en una posición anormal o fatigosa, es bastante frecuente sufrir calambres nocturnos, sobre todo durante el segundo trimestre. Pueden estar provocados por el cansancio o por los cambios de temperatura. A veces, basta un mal gesto durante el sueño para que se produzcan.

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Lo mejor sería poder prevenirlos practicando desde el principio del embarazo una actividad física regular y moderada (como caminar o nadar). Si ya los padeces, existen algunos remedios.
Trabaja los músculos en sentido contrario. Estira toda la pierna hasta extenderla al máximo sujetando con la mano los dedos de los pies.
Otro remedio , éste casero, es colocar una pastilla de jabón de Marsella entre las sábanas, en la punta del somier.

A veces, los calambres se deben a una carencia de vitamina B6. En ese caso, el ginecólogo te recetará esa vitamina y también magnesio, que parece que también los reduce. Otra solución es comer de vez en cuando chocolate negro y plátanos.

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