Cada una en su casa

Cuando das a luz tu madre o tu suegra (en ocasiones las dos) suele estar junto a ti esos primeros días para ayudarte. Una vez en casa con el bebé, agotados los escasos días de permiso del padre, la ayuda viene muy bien para poder ducharte o hacer cualquier cosa, ya que el bebé apenas deja tiempo para nada. Pero en ocasiones la cosa se alarga más de lo deseado y es difícil decirles que ya no hace falta que vengan tanto a casa, que quieres estar con tu marido y tu hijo, después de lo que te han ayudado cuando lo has necesitado. Pero es imprescindible. Porque algunas abuelas creen que, debido a que tienen más experiencia, pueden mangonear al niño a sus anchas y pareciera que tienen más derecho sobre el niño que el propio padre. Incluso si no son de ese tipo, cuando tu marido llega a casa deseando estar contigo y con el bebé y se encuentra con la suegra, el plan no es el mismo.

Conozco chicas que han asistido con sus madres a las ecografías e incluso al parto, en lugar de con sus parejas. La decisión depende de cada una, pero el hijo tiene una madre y un padre, que es (o debería ser) más importante que la abuela. Otra cosa es si éste no puede acudir.

Además de sacar a flor de piel la ternura, el amor y todos esos sentimientos maravillosos, un recién nacido también te agota y entre el cansancio y los nervios puedes llegar a estar muy irascible. Cuando tu marido llega a casa del trabajo esperando para llenarte de besos y coger al bebé y se encuentra con que el niño está llorando y tú estás de los nervios, no suele saber cómo reaccionar. Si a esto le añades que está la suegra el panorama es terrible.

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