Aprendiendo a compartir

 

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Una de las cosas que más nos cuesta enseñar a los niños pequeños es el concepto de compartir. Durante sus primeros años de vida, los chiquitos se sienten el centro del universo, ya que todo se les entrega directamente en las manos por parte de los adultos, especialmente en el caso de ser hijo mayor o único.

El problema viene en el momento en el que nace un nuevo hermanito o cuando deben empezar a interactuar con otros niños. Allí es cuando escuchamos bien fuerte la palabra mío.

Los niños son egoístas por naturaleza, es parte del sentido de supervivencia. No se puede esperar que compartan por iniciativa propia, ni quitarles algo para entregárselos a otro chico, ya que les causaría una sensación de inseguridad. Hasta los tres años un niño no puede comprender el concepto de compartir con otros.

Lo que podemos hacer es ir incorporando el verbo en nuestro vocabulario diario cuando le entregamos algo. “Es mi jugo favorito y lo voy a compartir contigo.” “Era mi osito preferido cuando era niña y ahora lo voy a compartir contigo para que juegues.”

Cuando ya los chicos comienzan a incorporarse a los juegos grupales recién van a ser capaces de intercambiar y entender el concepto. Podemos darles una galleta y pedir que entreguen la otra a su amigo o hermano. O decir que su hermano se lanza primero por el tobogán y él después, o viceversa.

El proceso se debe dar de manera gradual y evitando que sea desagradable. Si les reprendemos o castigamos, sólo vamos a lograr que se resientan ante la idea y nunca lo tomen como algo positivo.

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