Aprender a decir no

Los estudios realizados en España sobre el consumo de drogas reflejan que suele comenzar a través de drogas legales, como el tabaco y el alcohol, y continúa con el cannabis. La edad de inicio en el consumo suele situarse entre los 13 y los 15 años, una edad crítica en la que conviene incrementar la eficacia de la prevención.

La creciente necesidad de autonomía que experimenta el adolescente le lleva a rechazar la protección de los adultos y a enfrentarse a situaciones y conductas de riesgo, que pueden representar una grave amenaza para su desarrollo.
No suele ser fácil para el adulto adaptarse al cambio que supone dejar de proteger a un niño para ayudar a un adolescente. Conviene ir retirando la supervisión de forma gradual, a medida que el adolescente manifiesta que es capaz de tomar las riendas de su vida y de afrontar adecuadamente los riesgos que pueden surgir.

La familia desempeña un papel prioritario en la prevención de conductas de riesgo. Y para conseguirlo, es preciso que la educación familiar proporcione tres condiciones: una relación afectiva cálida, que dé seguridad y estimule la autonomía, una disciplina que enseñe a respetar normas y límites sin caer en el autoritarismo ni en la negligencia; y la disponibilidad de adultos con los que establecer una comunicación continua, incluso en la adolescencia, y a los que recurrir cuando haga falta.

Como se reconoce con frecuencia, la escuela es un contexto privilegiado para prevenir los consumos de riesgo: favoreciendo conceptos que ayuden a comprender sus consecuencias, enseñando habilidades con las que aprender a tomar decisiones en situaciones de riesgo y a resistir las presiones negativas.

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