Amniocentesis

La amniocentesis es una prueba que se realiza alrededor de la semana 16 de gestación y que consiste en la extracción de líquido amniótico para su análisis. De este modo se pueden detectar malformaciones congénitas y problemas genéticos en el feto y puede tomarse una decisión sobre la interrupción del embarazo.

A partir de los 35 años, la Seguridad Social practica la amniocentesis dentro de su rutina dado que el riesgo de malformaciones es mayor cuanto mayor es la edad de la gestante. El trastorno más común es el Síndrome de Down que se multiplica considerablemente según avanza la edad de la futura madre.

Antes de esa edad cualquier mujer que lo desee puede someterse a esta prueba en una clínica privada, pero debe tener en cuenta que existe riesgo de aborto (0,8%). Si debido a sus convicciones religiosas o éticas, la mujer no está dispuesta a interrumpir el embarazo incluso en el caso de que el feto sufra algún trastorno, puede decidir no realizarse la amniocentesis ni siquiera siendo mayor de 35 años.

Quienes no tengan antecedentes familiares de ningún defecto congénito, ni se encuentren en edad de riesgo, pero aún así tengan dudas sobre si realizarse esta prueba dado el riesgo que conlleva, pueden someterse a un análisis de sangre para detectar determinadas sustancias que sugieren defectos en el tubo neuronal.

Para realizar la amniocentesis se introduce una aguja por el abdomen de la madre hasta el útero, de donde se extrae el líquido amniótico. Posteriormente, la mujer debe guardar reposo durante unos días.

En un plazo aproximado de 3 semanas los resultados del líquido indicarán si existe algún trastorno. Un 95% de las pruebas arroja resultados negativos.

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