¡Al rincón!

Hay muchas formas de frenar algunos comportamientos inadecuados de los niños. A medida que van creciendo nos ponen a prueba más a menudo, tiran de esa cuerda a ver cuanto más puede aguantar y ver si logran su objetivo: salirse con la suya. Pero para lograr su objetivo muchas veces su comportamiento a base de gritos y pataletas acaba con nuestra paciencia y terminamos cediendo a sus peticiones, aunque reconozcamos que no sea lo más adecuado.

A mi, personalmente, me gusta aplicar la técnica del aislamiento, me resulta más efectiva, si bien demanda de más tiempo que una bofetada o un grito, a lo largo siento que de alguna manera les estoy enseñando un poco más a comportarse y entender por si mismos que es lo más adecuado.

Ante un golpe, patada o grito fuera de lugar, o peleas entre hermanos, retiro al niño que está actuando mal, lo alejo del resto y le explico que eso no debe hacerse, que de esa manera no se sigue jugando, que piense que es lo  que está haciendo mal unos minutos y recién después de pasado ese tiempo y pidiendo disculpas, podrá unirse al resto.

Probablemente intentará levantarse del sitio donde lo haya arrestado, pues se lo vuelve a llevar al mismo lugar hasta que nosotras decidamos cuando debe levantarse. Para un niño pequeño un par de minutos es suficiente, para un niño de unos cuatro años, con cinco minutos también bastará.

El sitio donde sentarlo conviene que sea aislado del resto, sin cosas alrededor que lo distraigan, no es aconsejable que se lo castigue en su cuarto porque ese sitio es para dormir y jugar, sino le estaremos dando un doble mensaje contradictorio.

Pasado el tiempo de castigo, el niño deberá pedir perdón y reconocer su comportamiento, recién ahí podrá unirse al grupo de juego.

Estas actitudes se repetirán a menudo, si siempre repetimos esta rutina entenderán y aprenderán a disculparse.

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