Adoptar o no adoptar

Desgraciadamente, en todo el mundo existen miles de familias desestructuradas o personas que no pueden o no quieren hacerse cargo de sus hijos e hijas.

En algunos casos se dan acogidas temporales, pero en otros, los y las menores esperan a que una nueva familia quiera acogerles en su seno.

No es un paso sencillo, no sólo por todos los trámites que hay que realizar, sino porque psicológicamente hay que estar preparados y preparadas. Aportar a un niño o una niña significa quererle y aceptarle como uno o una más de la familia. Esto implica también conocer su pasado y sus posibles traumas o problemas porque estos aparecerán tarde o temprano. Sobre todo si el niño o la niña tiene la edad suficiente.

Para ellos, tampoco será fácil, porque siempre les quedará la duda de por qué su familia biológica no les quiso y los dieron en adopción.

Por otro lado, adoptar a un niño o a una niña no significa llevar a casa un ‘juguete’ para que juegue con su hermanito o hermanita, ni para lucirle ante los amigos ni para sentirse mejor por haber ayudado a un niño o niña pobre.

La adopción, como la crianza de cualquier otro hijo o hija es cuidarle, quererle, protegerle, animarle, reñirle, pasar noches de insomnio, ir a las reuniones del colegio, hablarle de sexo por primera vez, castigarle sin paga…

Si todos estos aspectos no están claros, será mejor que no sigamos adelante o que lo pospongamos para pensarlo mejor. La adopción es una decisión tan importante como la de tener un hijo.

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