Acoso en las aulas

Hay que diferenciar la agresión (física o psicológica) que puntualmente un alumno puede sufrir o ejercer en un determinado momento de la repetición y agravamiento de dichas agresiones dentro de un proceso al que llamamos acoso, término utilizado como traducción del inglés bullying (derivado de bull: matón), y con el que se denomina un proceso que
Suele implicar burlas, amenazas, intimidaciones, agresiones físicas, aislamiento sistemático, insultos.

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No se limita a un acontecimiento aislado, sino que se repite y prolonga durante cierto tiempo.
Provocado por un individuo (el matón), apoyado generalmente en un grupo, contra una víctima que se encuentra indefensa, y no puede por sí misma salir de esta situación.
Y que se mantiene debido a la ignorancia o pasividad de las personas que rodean a los agresores y a las víctimas sin intervenir de forma directa.

Los que se reconocen como agresores en la escuela y en el ocio se diferencian de sus compañeros por:

Estar más de acuerdo con las creencias que llevan a justificar la violencia y la intolerancia en distinto tipo de relaciones, incluidas las relaciones entre iguales, manifestándose también como más racistas, xenófobos y sexistas.

Una menor disponibilidad de estrategias no violentas con las que resolver conflictos entre iguales, así como una mayor disponibilidad para la agresión. Dificultades para ponerse en el lugar de los demás.

Están menos satisfechos que los demás con su aprendizaje escolar y con las relaciones que establecen con los profesores.

Sus compañeros los perciben como intolerantes y arrogantes y, al mismo tiempo, como que se sienten fracasados.

Su frecuencia es mayor en la adolescencia temprana (13-15 años), cuando se experimenta una mayor dependencia del grupo de compañeros.

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