Accidentes caseros

Dicen que la mayoría de los accidentes que sufren los niños ocurren en casa. En nuestro caso ha sido cierto. Un día, mientras jugaban los dos hermanos a perseguirse por la casa, el pequeño se dio un golpe en la cabeza con la pared de su habitación y se puso a sangrar tanto que no veíamos donde tenía la herida. Toda la cara estaba llena de sangre y enseguida se hizo un charco. Su hermano se puso a chillar y mi marido estaba tan nervioso que no acertaba a hacer nada.

Una nunca sabe cómo va a reaccionar en situaciones de este tipo, pero a veces, cuando todos pierden los nervios es cuando aflora la sangre fría. Cogí al niño, le eché agua fría en la cara hasta ver de donde salía la sangre. Después le puse una toalla limpia en la frente, que era donde tenía la brecha y salimos para el hospital. Allí, en vez de coserle le dieron un pegamento que han sacado para sustituir a los puntos y que, por cierto, nos dio malos resultados, no cerró bien y el niño se ha quedado con una cicatriz en medio de la frente.

Otra vez, se cayó en el portal de casa y se hizo la típica herida en la barbilla que tantos tenemos. En esta ocasión le pusieron una grapa metálica y, aunque menor, también tiene una cicatriz. Fue gracioso porque para poner las grapas se utiliza una especie de pistola y el niño vio que le colocaban una pistola en la barbilla y después notó un dolor y nos dijo “¡Me ha pegado un tiro!” y se puso a llorar desconsolado.

Tenemos los medicamentos y los productos de limpieza escondidos, las mesas no tienen esquinas, las alfombras llevan antideslizantes…y los niños se abren la cabeza contra la pared y contra el suelo. El caso es que hemos tenido que ser muy tajantes con respecto a las normas para jugar en casa y ha quedado prohibido correr dentro de casa. No sé si solucionaremos algo, pero mucho más no se puede hacer, al fin y al cabo, son niños.

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