¡A reír se ha dicho!

La risa es una de las mejores terapias que existen para mejorar la salud, el ánimo y para luchar contra la depresión. Es una emoción muy intensa que ejercita un montón de músculos de todo el cuerpo y que libera hormonas que nos hacen sentir bien. Por eso, la risa es fundamental para el desarrollo afectivo del bebé y también para consolidar su vínculo afectivo con el padre y la madre.

Nuestros bebés sonríen ya desde muy pequeñitos y pequeñitas. Esas primeras sonrisas son respuestas musculares que expresan sensación de bienestar. En ocasiones las confundimos con ligeras muecas que realizan con la boca. En estos primeros momentos, el simple hecho de ver la cara de su mamá o reconocer la voz positiva de su papá le puede hacer sonreír.

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No será hasta los 4 o 6 meses cuando el bebé comenzará a emitir sus primeras carcajadas. Las utiliza para liberarse de miedos y ansiedades. Además, les sirve como función relacional. La risa del niño o la niña, acompañada de muecas, atraerá la atención de las personas que le rodean.

A partir de los 6 meses, experimentan el placer del miedo que les hace reír. Por ejemplo se dejan caer para que la madre o el padre le cojan al vuelo.

A partir de los dos años, el niño o la niña se ríe realizando bromas a las personas adultas o participa en ellas. El bebé crece y busca más autonomía.

En cada etapa podemos realizar sencillos juegos que fomenten la risa de nuestros hijos e hijas o la nuestra. Por ejemplo, esconderse detrás de un cojín APRA luego aparecer, hará las delicias de los bebés más pequeños.

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