¿Imponer o dejar?

Es una cuestión que se plantea a las que trabajamos en las guarderías. ¿Impones las normas a un niño que no quiere obedecerlas o lo dejas (no le haces caso) e intentas ver si por ese método hace lo que los demás?

Las maestras de educación infantil a veces han de verse con ese tipo de casos, amén de otros casos quizás más graves, que hacen que se planteen la forma de actuar.
 
En concreto, para el caso que hemos sacado a colación, el de un niño que no quiere hacer lo que el resto hace, porque no le da la gana, o porque está muy consentido, o no tiene ganas de hacerlo, puedes tener dos criterios de actuación que pueden funcionar en mayor o menos medida. Éstos son:
 
- Por un lado una táctica que suele dar resultado es el hecho de no hacerle caso. Por ejemplo, si nos ponemos en situación, tenemos una sesión de lectura donde los niños han de estar sentados para que se empiece a leer y el niño no quiere, en ese caso podemos no prestarle atención e interactuar con el resto de la clase exceptuándole a él. De esa manera el niño irá aproximándose a nosotros y acabará sentado (en casi todos los casos).
 
- Pero hay otras veces en que esa táctica no da resultado y tenemos que recurrir, no ya a intentar convencerle con dulces palabras e intentando ser su "amiga" para que haga las cosas (ojo, ese método también funciona en muchos casos) sino en imponer las normas de la clase, que es diferente a obligar al niño a hacer las cosas.
 
Con imponer no me estoy refiriendo a obligar al niño a sentarse, siguiente con el ejemplo anterior, o a no empezar la lectura si él no se sienta porque, por un lado, el niño hará lo contrario a lo que le pedimos, y, por otro, el resto de niños lo discriminará porque, por su culpa, no han podido escuchar el cuento.
 
Con imponer me refiero a que todos los niños tienen que cumplir una serie de normas en las guarderías; no siempre va a ser la hora de jugar, y cuando hay que dormir hay que hacerlo, no podemos molestar a los demás. Si todos los niños hicieran lo que quisieran las maestras no podrían con ellos y, lo peor de todo, no sabríamos las madres si comen o no, si duermen,… Es una tarea ardua pero a veces los niños que se dan cuenta que con esa maestra no se puede "torear" comienzan a cumplir las normas.

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