El miedo a los payasos

Es muy frecuente que los niños y niñas tengan miedo a los payasos o marionetas. Para combatirlo, hay que habituarle antes a estas caras divertidas. En ciertos espectáculos, el payaso se viste y maquilla delante de los niños para atenuar el impacto de la transformación.
También es buena idea que, antes del espectáculo, se disfracen todos los niños, o comprar una nariz roja para jugar a ponérsela y quitársela.

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Para familiarizar al niño con esta figura poco habitual, también resulta útil leerle libros sobre payasos, cuya iconografía procede originariamente del vagabundo bebido, con la nariz roja, la ropa demasiado amplia y andares tambaleantes.

Durante el espectáculo, hay que mantener al niño o niña cerca de nosotros, sobre las rodillas, para poderle tranquilizar si le vemos inquieto y decirle que solo es un juego para hacernos reír. Por esta razón, no conviene situar al pequeño junto a niños alborotadores ni en primera fila.

Llevar el juguete u objeto de apego del niño al espectáculo y asistir junto a sus amigos y amigas del cole: cuantos más elementos familiares le rodeen, menos miedo tendrá.

También podemos hacer que exteriorice su miedo. Si se ha asustado hasta el punto de tener que abandonar corriendo el recinto, para desdramatizar, hay que preguntarle un poco más tarde sobre lo que ha sentido, sugerirle que haga un dibujo del payaso que le asustó… Es importante que el niño no guarde para sí mismo estas imágenes inquietantes, porque se corre el riesgo de que se transformen en pesadilla.

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Juegos para bebés de 8 meses

Hay ocasiones en las que queremos jugar con nuestro hijo pero se nos hace difícil saber qué tipo de juegos le gustarán más o si será capaz de seguir el juego.

Hay veces en las que pensamos que los niños son demasiado pequeños para darse cuenta de las cosas, que no van a entender con lo pequeños que son y, por tanto, siempre tendemos a juegos sencillos con los que pronto acaban aburriéndose.

Por eso, en esta ocasión, queremos ayudarte para que conozcas algunos de los juegos que más les pueden gustar a los niños de ocho meses. Ten en cuenta que un juego es un estímulo insustituible que fomenta el desarrollo físico, psicológico y emocional de los bebés.

Por ello, los juegos que te acercamos son:

  • Juego de los espejos: Se trata de colocar al bebé en un espejo (a poder ser irrompible y con el que no pueda hacerse daño) para mostrarle su imagen y la nuestra. Así, interactuaremos con el reflejo y con él mismo haciendo que su curiosidad le haga buscar a ese otro niño que se refleja.
  • Instrumentos musicales: Se trata de cualquier instrumento, no tiene por qué ser un instrumento musical comprado sino que podemos construirle uno con una botella de plástico y algunos garbanzos dentro, por ejemplo.
  • Busca: Este es un juego al que seguro que ya has jugado o juegas con tu bebé. Se trata de esconderle un juguete y de hacerle buscarlo.

No hay forma

Sabemos que los pediatras nos recomiendan que los niños no tomen más que leche y sea a partir del 6º mes cuando se le comience a añadir a su menú otros alimentos sin forzarlos.

Por ejemplo, mi sobrino no entraría en ese grupo ya que él, desde que tenía mes y medio, ya chupaba alimento sólido como la naranja o tomaba sopa… No es que ya comiera eso sino que quería probar y no le decíamos que no. A los 4 meses ya empezó a comer fruta batida, algo que le encantaba, y le encanta y a nosotros igual porque sabemos que la fruta lleva muchas vitaminas, proteínas,… necesarias para el organismo.

Pero… ¿Qué ocurre cuando los niños no quieren la fruta? ¿Les obligamos? La respuesta es sencilla y lógica: NO. Si los forzamos lo único que conseguiremos es que vean ese alimento como algo negativo, le cogerán manía y será más difícil conseguir que se tome, o incluso pruebe la fruta.

Mucha gente no toma nunca fruta y, aunque no es lo ideal por los nutrientes que la fruta, y sólo ella, nos puede dar, tampoco hay que preocuparse.

A veces el no querer la fruta, al igual que la verdura, es debido a los potitos que se les dan que tienen un saber que, al menos para mí, no es muy agradable. Por ello, y en la medida de lo posible, aconsejo hacerle a nuestros hijos nuestras propias comidas porque así sabremos de verdad lo que les  estamos dando, sin colorantes ni conservantes y seguro que nuestro hijo se come mejor la comida, la fruta y todo aquello que le pongamos. Incluso esa comida que hacemos podemos congelarla (se conserva bien, lo sé por experiencia).

Vuelta al trabajo…¿y el bebé?

Una vez transcurridas las 16 escasas semanas de baja maternal o las 20 si les has añadido las vacaciones anuales, te encuentras con que te tienes que reincorporar al trabajo y separarte de tu bebé. Al doloroso momento de la separación se le añade la angustia de dejar al niño en otras manos.

Pocas son las que tienen la suerte de poder seguir en casa criando a su hijo o hija y muchas veces pagando el precio de salir del mercado laboral con las consecuencias que esto acarree. Unas privilegiadas pueden pedir una excedencia y reincorporarse a su puesto después de unos años, pero para el común de las mortales las opciones suelen ser tres: dejar al niño con la abuela o suegra, llevarle a una guardería o contratar a una persona que le cuide.

En cualquiera de los tres casos el bebé va a estar perfectamente, va a ser bien atendido y no le va a faltar de nada, excepto…su madre. Los primeros años de vida de un niño o niña debería pasarlos cerca de su madre. Eso es lo ideal, pero son pocas las que pueden permitirse (económicamente) el poder llevarlo a la práctica y la mayoría tenemos que dejarles en otras manos desde muy pequeños.

Y tenemos que estar tranquilas porque lo que es seguro es que le dejamos en buenas manos, que el niño estará perfectamente. No es que nosotras lo vayamos a hacer mejor, a lo mejor hasta lo hacemos peor, pero somos la madre. Y todas sabemos que madre sólo hay una.

Qué hacer si sospechamos que nuestro hijo padece de Influenza Humana

Al principio se presentó como una enfermedad localizada en ciertos sectores geográficos, pero hoy está en todos lados y ataca tanto a niños como adultos, por lo que en algunos países incluso se han cerrado escuelas a la espera de disminuir los casos de contagio.influenza-niño

Pero, cómo podemos sospechar que nuestro hijo padece de la enfermedad y qué debemos hacer al  respecto. Los patrones que se utilizan para pensar en un posible caso de la llamada Influenza Humana son los siguientes:

  • Fiebre sobre los 38,5°
  • Tos
  • Dolores musculares
  • Dolores de cabeza
  • Fatiga
  • Escalofríos.

No es necesario que todos los síntomas se presenten en el mismo paciente y que lo hagan de la misma forma, ya que muchos niños en general no suelen presentar fiebres altas, por lo que el instinto de la madre juega allí un rol fundamental. Si es que creemos que nuestro pequeño tiene la enfermedad, lo primero es contactarse con nuestro pediatra, quien sabrá tomar el rumbo adecuado.

Debemos evitar exponer a nuestro pequeño en los servicios de urgencia si es que la situación no es grave, ya que si no está contagiado, las posibilidades que lo haga en un ambiente lleno de personas que pueden estar infectadas es mucho mayor.

Lo normal es que se haga un examen de sangre al chico. En el caso de ser positivo, el médico recetará antivirales según la edad del pequeño, siendo lo más importante el mantenerle en casa a lo menos por 10 días, tratando el resto de los síntomas con analgésicos indicados para el uso pediátrico. No es necesario tratar al resto de las personas que estuvieron con el niño con medicamentos profilácticos, ya que ellos sólo funcionan con la gente contagiada y no para evitar la infección.

Con los cuidados adecuados, la gran mayoría de los pacientes con Influenza Humana se recuperan satisfactoriamente y sin secuelas, por lo que en vez de dejarnos llevar por el pánico, sigamos las instrucciones de las autoridades sanitarias y el pediatra.

Imagen: El Economista

Agarrar objetos

Los bebés nacen con un reflejo de agarre o sujeción: si le tocas la palma de la mano a tu recién nacido con un dedo enrollará sus deditos alrededor del tuyo. Pero estos movimientos son instintivos e involuntarios durante las primeras ocho semanas. Durante este tiempo, las manos del bebé están habitualmente cerradas en un puño, aunque pronto empezará a abrirlas y cerrarlas a propósito y a examinarlas. Quizás incluso trate de coger también cosas suaves, como un animal de peluche.

A los 3 meses, el bebé todavía no es capaz de coger todo lo que quiere, pero sí puede dar manotazos a los juguetes. También desarrolla la coordinación mano-ojo, se fija en cosas que quiere sujetar y trata de alcanzarlas.

A los 4 meses ya es capaz de coger objetos grandes y ligeros, como bloques de construcción, por ejemplo, pero no cosas más pequeñas, como guisantes. Poco antes de que le salga su primer diente (normalmente entre los 3 y 12 meses), el bebé empezará a coger cosas para metérselas en la boca.
Entre los 9 meses y el año, ya puede coger objetos sin demasiado esfuerzo. Comienza a nacer también su preferencia por la mano derecha o por la izquierda, aunque no sabrás con seguridad si es diestro o zurdo hasta los 2 ó 3 años de edad. También es la época en que perfeccionará su agarre de pinza, que le permite asir objetos pequeños con sus dedos pulgar e índice. Al tener mayor coordinación, pronto será capaz de usar bastante bien la cuchara y el tenedor en las comidas (aunque quizás prefiera sujetar el utensilio con una mano y comer con los dedos).