La Pedagogía Waldorf

Dentro de la educación infantil existen diferentes corrientes y metodologías, dando a los padres la tarea de escoger aquella que más se adapte con las necesidades de los niños y el tipo de formación que quieran darles.

Una de esas corrientes es la llamada “Pedagogía Waldorf,” creada a principios de siglo por el waldorf educador austriaco Rudolf Steiner. Para él, cada niño es un alma libre que se desarrolla través de sus experiencias e intereses, los que se van reflejando en un proceso que se sigue a su propio paso.

En las escuelas Waldorf, no existen materias establecidas, exámenes o calificaciones numéricas, ya que se espera que el niño aprenda algún comportamiento o nueva conocimiento cuando esté listo y no en el momento en que se le imponga.

Para ello puede experimentar con todo y todos los que encuentren a su alrededor, ya que los maestros no están por sobre el niño, sino que ayudan a mantener un entorno de aprendizaje adecuado, permitiendo el desarrollo de la mente, cuerpo y espíritu.

La formación contempla tres períodos de aprendizaje: Primera Infancia, Niñez y Adolescencia y en cada una se adaptan los conceptos para ir con el desarrollo de la etapa. Entre quienes se educaron en escuelas Waldor destacan la actriz Jennifer Aniston, Michael Ende, autor de “La Historia sin Fin,” Adam Rostor, periodista de CNN y varios políticos y líderes mundiales.

Existen colegios Waldorf en más de 40 países y se trata de un método pedagógico reconocido por entidades como la UNESCO.

Imagen: Profesor Interactivo

Qué nos esperamos entre los 7 y 8 meses

Tu bebé seguro que ya es un torbellino que no puedes dejar solo para nada. Si le has comprado un andador (yo personalmente me gusta llamarlo tacatá o tacataca (como lo llamaba de pequeña)) seguro que tendrás todas las cosas quitadas de enmedio y, si es como yo, le habrás forrado el andador de goma espuma para que no se choque cogiendo carrerilla.

A partir de los seis meses los bebés cambian rápidamente porque aprenden las cosas al vuelo. Para ellos es muy importante investigar y coger todo lo que cae en sus manos para saber qué es.

Por eso, las cosas que tu hijo, entre los 7 y los 8 meses, puede hacer son:

  • Estar sentado bastante tiempo.
  • Coger cosas que no se encuentran cerca (normalmente tienden a esforzarse y a no dejarlo hasta que lo consiguen, son tenaces en ese sentido).
  • Han descubierto una nueva forma de comunicarse con nosotros, mediante señas. Por ejemplo, para comer, se llevan la mano a la boca, o para decir que quieren el chupete, ponen morros (algunos niños, os hablo de ejemplos personales).
  • Reconoce los objetos y las personas y tiende a ir hacía ellos, aunque estén lejos.
  • Su balbuceo es más controlado y puede darle nombres a objetos personales como peluches, o aquello que manipula todos los días.
  • Coge todo lo que cae a su alcance y, normalmente, si es algo que se puede romper, lo hace.

Yo al trabajo y tú a la playa

Que en una familia las vacaciones del padre y la madre no coincidan es algo que empieza a ser habitual en los tiempos que corren. Pero de ello no hay que hacer un drama; de estas situaciones también se pueden extraer experiencias positivas.

A todos nos gusta pasar las vacaciones tranquilos y en familia, o viajando todos juntos, y el hecho de tener que hacerlo separados puede desubicar a padres, madres e hijos.

Ante este contratiempo, hay que poner buena cara y aprovechar las ventajas que puede suponer, minimizando los inconvenientes y planteándolo más como una aventura que como un drama familiar.

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Según los expertos, la situación tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Por un lado, es bueno que los niños y niñas compartan el tiempo con cada uno de sus padres por separado, porque así fomentan el conocimiento mutuo y rompen el frente padre-madre, que aunque es muy importante, también lo es que de vez en cuando los hijos puedan ver a sus padres como personas individuales, con sus aficiones y personalidades distintas.

Pero, por muy optimista que se sea, no hay que olvidar los inconvenientes de la situación: se rompe momentáneamente el núcleo familiar y esas vacaciones soñadas durante tantos meses van a resultar radicalmente distintas. Es lógico que se eche de menos a la parte de la familia que falta y a ello hay que añadir la carga de la responsabilidad compartida, que en estos casos es solo de uno.

Tabaco y niños y niñas

Los riesgos del tabaco no sólo alcanzan a los fumadores, sino también a las personas que sin serlo aspiran de forma pasiva el humo del tabaco. Las consecuencias son aún peores para los niños y niñas.

Numerosos estudios científicos han demostrado concluyentemente que los riesgos que asumen los fumadores pasivos son equivalentes a los de los fumadores de cuatro o cinco cigarrillos al día, ya que las concentraciones de sustancias tóxicas, como el monóxido de carbono y la nicotina, son mayores en el humo ambiental que en el de la calada.

Los fumadores pasivos no sólo comparten con los activos el malestar que les crea el tabaco —dolores de cabeza, irritación y picor de los ojos o de la nariz— sino también el riesgo de sufrir enfermedades graves del sistema respiratorio y circulatorio o diversos tipos de cáncer. Las consecuencias de la aspiración pasiva del humo del tabaco son más significativas en los niños, entre quienes son más frecuentes las otitis, las gripes o las infecciones respiratorias, que pueden terminar convirtiéndose en procesos crónicos.

Además, el ejemplo de los adultos fumadores que le rodean, sobre todo si son sus padres, facilitará el que antes de los 18 años se convierta en fumador, agravando así los riesgos del tabaco sobre su salud. Está demostrado que cuanto antes se empieza a fumar y más tiempo dura el hábito, mayores son las posibilidades de acabar padeciendo las enfermedades de las que es responsable el tabaco y de forma más virulenta.

Enseñarle a ahorrar

Los niños de hoy en día, supongo que como nosotros éramos cuando teníamos su edad, lo quieren todo y a veces no comprenden que es muy difícil llegar a fin de mes con el sueldo que se tiene, y encima sacar dinero para corresponderles con esas cositas que ven y piden y se quedan llorando si no se las compras porque tienen mucha ilusión, aunque a los 5 minutos esté tirado en el suelo porque ya se han cansado de jugar con eso.

En esos casos quizás lo mejor sea enseñarles a ahorrar a ellos mismos. No quiero decir que sean ellos quienes se compren sus caprichos, seguramente seremos nosotros los que seguiremos comprándoselos por tal de que no gasten lo que ahorran en su hucha, pero al menos así les inculcaremos que en la vida el dinero no crece de los árboles y que nosotros no vamos a trabajar recolectando esos árboles sino que es duro conseguir el dinero para vivir.

Lo primero que tenemos que hacer es comprarle (o hacerle) una hucha. Procuremos que no sea de cristal ni de ningún material que se pueda romper o astillar de tal modo que evitemos así que el niño pueda sufrir algún tipo de accidente, de cualquier tipo, por estar jugando o intentando abrir la hucha. Lo mejor es comprarla de plástico o de lata aunque estas últimas son más complicadas de abrir (salvo que ya traigan un sistema de apertura incluído).

Ahora bien, darle la hucha para ahorrar no es suficiente ya que los niños necesitan tener algún tipo de "mini- salario" para poder ir llenándola día a día así que lo siguiente sería ponerle una paga, bien semanal o diaria, que podemos relacionarla con las tareas del hogar, o su comportamiento, de tal manera que también educamos porque sabrá que se le da la paga si se porta bien y si hace algo malo (generalmente muy, muy malo) ese día no tendrá paga.

Al principio el niño estará loco de contento de tener su propia hucha, su propio dinero, y nos lo encontraremos varias veces abriendo la hucha y contándo las monedas o billetes que tiene para saber cuánto lleva ahorrado. Algunas veces seremos nosotros los que, sin que se entere, le metamos más dinero y exclame encantado que su dinero ha criado.

Pero tened cuidado, las huchas, sobretodo las que se pueden abrir o las que pueden fácilmente sacarse el dinero, no son aptas para niños pequeños ya que tenderán a meterse las monedas en la boca y podrían ahogarse. Para ellos es mejor utilizar otro modo (por ejemplo botes de las gominolas, que vienen cerrados por completo y para abrirlos hay que desenrroscar).

 

El Circo de Jojo

El Yoga ha demostrado ser un excelente ejercicio para los niños, ya que además de ser una actividad física les enseña a mejorar sus posturas, aunque puede ser bastante complicado hacer que lo preescolares se sientan estimulados con su práctica.

jojos_circus-show Por eso fue tan grata mi sorpresa al mirar junto a Nicolás de tres años el programa “El Circo de Jojo,” donde se estimula a los chicos a realizar ejercicios de estiramiento y posiciones de forma divertida y estimulante.

El show empieza con alguna situación cotidiana, lo que en el caso del capítulo que vimos eran los bostezos al despertar. Ante ello Jojo, una simpática payasita de seis años, enseñó a los niños y su amigo león, una forma de comenzar mejor el día estirando el cuerpo.

Así invita a que los chicos la imiten paso a paso dando nombre a la posición que van a ser, la que esa vez fue “Leopardo.” Llamo a los chicos a arrodillarse y poner las manos en el suelo y poco a poco ir incorporando el resto del cuerpo en un movimiento simple pero preciso y que no ofrecía mayor dificultad para los chicos.

Desde ese día, Nicolás repite la rutina aprendida en la mañana con muchas ganas, ya que está imitando algo que hace uno de sus animales favoritos, por lo que podemos decir que “El circo de Jojo” logra su cometido.

En cada capítulo se trata un tema diferente y no siempre está referido al ejercicio, sino que también a enseñar acciones importantes del día, en las que se destacan buenos modales, higiene y la forma de hacer cosas simples pero importantes en chicos que están aprendiendo lo básico para ser más independientes

El Circo de Jojo de transmite por PlayHouse Disney y dura aproximadamente diez minutos

Imagen: ShareTV