El periodo fetal (II)

-De 21 a 25 semanas: En esta etapa del embarazo se suele ganar más peso porque el feto está más desarrollado y comienza a engordar. Antes también lo hacía pero la prioridad estaba en “formar” al individuo, no en dotarle de masa corporal, cosa que se hace a partir de esta semana. Su piel adquiere así un toque rojizo y la encontraremos muy arrugada, también debido a que “tiene que engordarse” más y esa piel que vemos es necesaria para que todo su cuerpo esté cubierto de piel (parece extraño pero la piel sabe perfectamente cuánto crecer para cubrir por completo al niño).

- De 26 a 29 semanas: Los ojos se abren por primera vez y su piel ya no está arrugada sino que ya tiene el peso “medio” normal de un bebé de esas semanas, aunque aún nos queda que vuelva a dar otro “estirón” dentro de la madre. En estas semanas suelen ocurrir los casos de “embarazos prematuros”; antiguamente los embarazos en este periodo no solían salir bien y el bebé acababa muriendo pero hoy en día, con los cuidados necesarios, el que un bebé nazca prematuro no tiene dificultad alguna (salvo casos, claro está).
 
- De 30 a 34 semanas: Comienza a desaparecer esa protección que dijimos antes (el virtex y el lanugo) y empieza a engordar algo más.
 
- De 35 semanas al final: Engordar, engordar, engordar… Es el último término y necesita estar gordito para nacer (aunque no demasiado o no entrará por donde debe).
 
 Y ya sólo nos quedará el parto para dar a luz a esa cosita que ha estado 9 meses en nuestra barriga y por lo que tanto hemos ansiado.

Descansar en su propio dormitorio

Para los pequeños puede ser difícil acostumbrarse a dormir solos. Antes que nada podemos decir que es perfectamente normal. Por absurdo que parezca, un bebé no nace sabiendo dormir. Así como comer, caminar e incluso sostener su propia cabeza en posición erguida, todo ser humano debe aprender a dormir. No es fácil. Hay dos aprendizajes que son lentos y que deben tomarse con paciencia. En primer lugar, el bebé debe aprender a dormirse, es decir, a conciliar el sueño. Muchos bebés sólo pueden conciliar el sueño mientras comen, es decir, ya sea pegados al cuerpo de su mamá si toman pecho o tomando su biberón. Otros bebés pueden lograr dormirse sustituyendo estas dos cosas por un chupete plástico. De hecho, cuando nos acercamos a ver un bebé que duerme podemos ver que siguen manteniendo el reflejo de succión moviendo sus labios como si estuvieran succionando (este movimiento se llama movimiento peristáltico) y tomando leche. En esta etapa es muy importante tener paciencia pues no debemos dar por sentado que el bebé sabe dormirse. Necesita ir aprendiendo poco a poco. Otro aprendizaje lento a realizar es el hecho de “volverse” a dormir. Todos los seres humanos, incluso adultos, nos despertamos normalmente por la noche. Una o dos veces, pero cuando ya somos grandes ni siquiera nos damos cuenta. Simplemente volvemos a retomar el hilo del sueño de forma imperceptible. Pero esa forma de seguir durmiendo, también es un aprendizaje bastante lento. Así que a armarnos de paciencia para poder calmar y darle seguridad a ese pequeñito que tanto amamos hasta que logre realizar esos dos aprendizajes.

Una vez logrados, y hay que aclarar que no hay una edad para ello, el pequeño puede dormir en su propia habitación. La cuestión es que muchos niños no quieren. Hay que reconocer que muchos no desean alejarse porque se les impuso prematuramente la idea de que deberían dormir solos a pesar de que lloraran o sintieran miedo. Otros simplemente se sienten muy cómodos cerca de los brazos de mamá y papá.

Por ello es importante que su dormitorio sea un espacio colorido y agradable. Lleno de las cosas que más disfrutan, con un ambiente diseñado de forma segura y cómoda para ellos. La ropa de cama, las cortinas, los colores de los muros…todo debe tener una cierta armonía y ser placentero para el pequeño ocupante. Ya sea que elijamos pintar o utilizar papel pintado, que decidamos darle un estilo Montessori o un estilo tradicional al dormitorio, es fundamental que el niño participe en la toma de decisiones. Que poco a poco y de forma asertiva vaya sintiendo que es su propio espacio. El tomarse el tiempo de involucrarlo en la decoración eleva las probabilidades de que se enamore paulatinamente de su dormitorio y no llore o intente irse al dormitorio de los padres todos los días.

Otro elemento muy importante es que no forcemos a los pequeños. En el momento en que una noche tranquila nos puede hacer muchísima falta pues como mamás nos sentimos agotadas y cansadas, puede parecer lejano e inalcanzable el momento en que los niños duerman solos y toda la noche sin problema. Va a llegar, sólo es cosa de ayudarlos con amor y de armarnos de paciencia. 

Comer en la escuela

Una amiga que no trabaja fuera de casa tuvo a su primera hija y la niña salió mala comedora. Estaba desesperada con ella y cada comida era una pelea. Acababa chillándole y después se sentía fatal. La niña apenas comía y se pasaba las horas de la comida llorando. Yo le animaba para que le apuntara al comedor de la escuela, pero ella no quería porque tenía miedo a que no comiera nada. Además, su marido le decía que si ella estaba en casa, la pobre niña no iba a quedarse tantas horas en la escuela. Era evidente que no le tocaba a él pelear cada día con la niña. Si hubiera oído los llantos y los gritos no habría dicho lo mismo.

Finalmente, mi amiga se quedó embarazada y no le quedó más remedio que dejar a la niña en el comedor porque no se encontraba bien como para “luchar” con ella. Y se obró el milagro. Los primero días la niña comió poco, pero en una semana las profesoras le dijeron que comía todo.

Seguramente porque los demás niños también comen, o porque no tienen a nadie que haga caso de sus mañas, o porque si no acabas no sales al recreo, pero por lo que sea, en los comedores escolares la mayoría de los niños comen mejor que en casa. De paso aprenden a ser autónomos.

Mi amiga estaba como loca, “y yo tanto tiempo llevándome esos berrinches…”. Hubiera bastado con que le dejara una semana a modo de prueba, pero a veces les protegemos demasiado. Ahora, el fin de semana la niña sigue comiendo mal (aunque mejor que antes), pero ella ha cambiado de actitud. Como sabe que entre semana come bien, no se preocupa tanto, “Si no come, ya merendará”.

Criar niños y niñas educados

Intentar disciplinar a tu bebé de 8 meses quizás no sirva para mucho, porque es demasiado pequeño para comprender tus "lecciones". Pero hay cosas que puedes hacer ahora para incrementar las posibilidades de que aprenda a comportarse bien:

Pon énfasis en lo positivo. No esperes a que haga algo malo; en vez de eso, reconoce su buen comportamiento. La disciplina tendrá luego más efecto si puede compararla con la reacción positiva que obtiene cuando se está comportando de forma deseable.

Practica la disciplina simple. Si piensas que debes disciplinar a tu bebé, por ejemplo cuando hay un problema de seguridad, intenta mantener tu reacción lo más simple posible. Di "no" de forma suave pero firme y distrae su atención con otra cosa. Esto es lo que mejor funciona. No te desanimes si repite una y otra vez su mal comportamiento. Tu persistencia finalmente tendrá sus frutos.

Muéstrale tu amor. Cuando un bebé puede hacer lo que desea, da por supuesto que lo quieren. Por eso cuando no le permites hacer lo que quiere y se enfada, es importante que reacciones a su enfado con cariño y comprensión, para que entienda que sigues queriéndolo igual. Evita los castigos porque todavía es demasiado pequeño para comprender lo que significan.

El polémico descanso de una mamá

Si hay un tema que levanta polémica entre madres que “siguen” por decirlo de alguna forma distintos tipos de crianza, es el sueño. Cuando estás esperando un bebé, todo mundo tendrá una opinión y te dirán cómo deberás dormir, cómo deberás hacer para que el bebé concilie adecuadamente el sueño, cómo hacer esto y aquello.

Pero la realidad es que el descanso de una mamá es algo tan mundano como el sueño de cualquier otra persona. Una mamá, sobre todo cuando sus hijos son recién nacidos o pequeñitos, necesita descansar mucho para poder ocuparse de una persona (o varias) muy pequeñas y vulnerables. Entonces, es importante tener cuidado de algunos detalles básicos:

En primer lugar, la decisión de dormir con el bebé (hacer colecho) o de que el bebé duerma en una cuna aparte, o incluso en su propio dormitorio, debe ser únicamente de la mamá y de su pareja. No deben venir los abuelos, vecinos y toda cantidad de consejeros externos a la familia a dictarles qué hacer. Dependerá de sus propias necesidades e ideas sobre la paternidad. De si han seleccionado la lactancia materna o la lactancia artificial. De qué tan cómodos se sienten como pareja y muchas otras cosas. Lo que sí es innegable es que la elección del colecho en los primeros meses puede ayudar y ser un bálsamo para la mamá, permitiéndole descansar en los pequeños lapsos que el bebé duerme durante la noche (o cuando le sea posible).

En segunda instancia (y aunque parezca redundante) es importante tener una cama y un colchón cómodos. Ser mamá es un trabajo agotador que te consume 24 horas al día, así que porqué minimizar la importancia de contar con un espacio físico adecuado para dormir. Seleccionar un colchón firme y que otorgue reposo adecuado en cuello y espalda (dos partes del cuerpo que se enfrentan a un estrés adicional durante los primeros meses de la maternidad) será una inversión invaluable.

En tercer lugar, intentar tener horarios, pero ser flexible. Tener una rutina tiránica de sueño y comidas sólo puede llevarnos al estrés, y éste no es amigo del buen descanso. Así que si bien es una buena idea establecer una estructura, no debemos convertirla en una cadena que nos oprima y nos haga sentirnos nerviosas por no haber hecho las cosas “a tiempo”. Una buena estructura flexible nos permitirá planificar y prever, peso sin sentirnos demasiado preocupadas por cumplir con un horario como si estuviésemos en un empleo remunerado.

Un buen equilibrio entre estructura y libertad de acción, una buena cama con un buen colchón y una serie de decisiones tomadas en pareja serán la mejor forma de darle a una mamá lo que más necesita para enfrentar con energía la titánica labor de ser mamá: descanso. 

Cómo elegir una mochila ideal para los niños

 

mochila

 

Dentro de los accesorios necesarios para volver a la escuela, la mochila es quizá el más importante, ya que será allí donde los niños carguen con todo lo necesario desde la casa a la escuela y viceversa.

 

Lo más probable es que los chicos quieran una relativa al dibujo animado de moda, algún personaje famoso o equipo de fútbol. Pero hay mucho más en la elección de la mochila que lo estético, ya que una mochila inadecuada puede producir daños en la espalda del niño. Las cosas que debemos considerar son:

  • El tamaño de la mochila debe considerarse según el porte del niño. No debe sobrepasar la superficie de la espalda. En algunos casos vemos a chicos cargando mochilas casi de su mismo tamaño.
  • Que las correas sean anchas, acolchadas y regulables. Es ideal si encontramos una que también se pueda ajustar a la cintura. De esa manera se distribuye mejor el peso.
  • La parte posterior de la mochila debe ser cómoda y acolchada. Siempre debemos mantener esa zona lisa, colocando al final cuadernos o las carpetas de mayor tamaño.
  • En caso de aquellas con ruedas y manilla de arrastre, la manilla debe poder regularse según estatura, ya que si el niño anda agachado tendrá dolores y problemas de posición.
  • Los padres deben preocuparse por la cantidad de útiles, libros, cuadernos y carpeta que se lleven en la mochila. No es necesario andar siempre con todo. Es recomendable preguntar a la maestra que materiales en especifico se necesitan en cada día de la semana y si el colegio ofrece un servicio de casilleros.
  • Acostumbrar a los niños a que lleven puestos ambos tirantes, ya que muchos, sobretodo los chicos más grandes, la cargan sobre un solo hombro, distribuyendo el peso de manera inadecuada.

Siguiendo estas simples indicaciones, no sólo prevenimos problemas inmediatos, sino que dolores que aparecen en la juventud e incluso en la adultez.