Pataletas

Hasta los cinco meses el bebé no es consciente de que su madre y él o ella son entes diferenciados. A partir de esa edad identifica a su madre como algo fuera de él mismo. A los 10 meses comienza otra etapa en la que el niño sale a explorar el mundo y regresa a la madre cuando tiene necesidad de comer, dormir, etc.
 
Entre los 18 y los 24 meses el bebé intenta crear una distancia apropiada con respecto a la madre. Es cuando comienza a angustiarse cuando se aleja de ella y a alterarse en el reencuentro. Esta etapa es fundamental a la hora de definir como identificará el niño en el futuro, como algo angustioso o seguro.
 
A los 2 años el niño ya ha establecido la relación de independencia-autonomía con respecto a la madre y se concibe como un ser individual. Es cuando comienzan las pataletas como forma de reafirmar su criterio y su individualidad.
 
Aquí los padres deben mantenerse firmes para que el niño no asuma esta conducta como método para conseguir sus propósitos e ignorarle mientras persista en esa actitud. De todas maneras, conviene ceder de vez en cuando, siempre que el objetivo que persigue el niño tenga sentido para demostrar que su opinión es tenida en cuenta, pero solamente si cesa en la rabieta y lo comunica de forma normal.
 
Dado que durante una pataleta el niño no puede razonar, podemos apartarle o llevarle a otra habitación y esperar como si nada hasta que se tranquilice para hablar con él y llegar a un acuerdo. La negociación se aprende desde niños.

Contra la explotación infantil

Mientras nosotros y nosotras pensamos en tener niños y niñas para darles todo lo mejor, en países del Tercer Mundo sigue funcionando de una forma alarmante la explotación infantil en el trabajo. Y deberíamos tomar conciencia de ello.

Por ejemplo, en el sur de Asia trabajan más de 100 millones de niños y niñas, de los que un 20% hacen jornadas de 13 horas diarias por un sueldo de entre 15 y 20 euros al mes. La explotación infantil es muy común en las curtidurías, donde no se respetan las más mínimas medidas de seguridad e higiene.

En Latinoamérica, donde trabajan 17 millones de niños y niñas de entre 5 y 17 años, las ganancias suponen del 10 al 20% de los ingresos de sus familias. La industria de la minería, los lavaderos de oro, así como la extracción artesanal de oro, los secadores de piedra pómez y la fabricación de ladrillos son alguno de los destinos de estos niños y niñas.

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Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), "el trabajo forzoso, la esclavitud y el tráfico criminal de seres humanos en especial mujeres y menores están creciendo en el mundo y adoptando nuevas e insidiosas formas". El reclutamiento obligatorio de niños para conflictos bélicos está también en auge.

Las largas jornadas y las penosas condiciones en que estos niños y niñas realizan su trabajo impiden su acceso a la educación, los agota física e intelectualmente y, al mismo tiempo, provocan en esos países graves efectos socioeconómicos, como el aumento del desempleo en la población activa, pues ocupan el puesto de trabajo de la población adulta.

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¿Cómo aprenden a hablar?

Los niños y las niñas aprenden a hablar escuchando voces y sonidos, pero cada uno aprende a su propio ritmo. Generalmente, un niño o niña de tres meses:

–Emitirá sonidos.
–Se girará hacia donde procede un nuevo sonido.
–Reaccionará ante un sonido intenso.
–Se calmará si le hablas con voz suave y tranquila.
–Sonreirá.

A partir de los 6 meses, la mayoría:

–Te mirarán a la cara si les hablas.
–Llorarán de forma especial cuando tienen hambre.
–Emitirán sonidos para llamar la atención.
–Emitirán sonidos cuando les hablas.
–Sonreirán a las personas de su entorno.
A partir de los 12 meses:

–Atienden al oír su nombre.
–Entienden palabras como “adiós, adiós”.
–Emiten sonidos tales como “ma, ma”, “ba, ba”…
–Se ríen abiertamente e imitan sonidos que hacen los padres y cuidadores.

A partir de los 15 meses:

–Saben esperar su turno para emitir sonidos.
–Dicen 2 ó 3 palabras, aunque no las pronuncien claramente.
–Comprenden la palabra “no” y sacuden la cabeza.
–Alargan las manos o señalan las cosas que quieren mientras emiten algún sonido.
–Comprenden preguntas y obedecen órdenes como “¿dónde tienes la nariz?” o “enséñame tus zapatos”.

A partir de los 18 meses, la mayoría de los niños:

–Comprenden palabras y señalan partes concretas de su cuerpo, como “nariz, ojos, pelo”…
–Buscan un objeto cuando se les pide (por ejemplo, cuando se les dice, “dame tu gorrito”).
–Imitan gestos y palabras de los padres.
–Piden “más”.

Incentivemos la creatividad de los niños a través de un diario de verano

El verano significa para los chicos meses lejos de la escuela, cuadernos y pizarrones, pero no por ello debe alejarlos de la oportunidad de aprender y demostrar esa persona única que tiene dentro. Para ello nada mejor que invitarlos a crear un “diario de verano”

Basado en lo que eran los diarios de vida de antes, un diario de verano tiene como objeto ser un registro visual de las actividades especiales de la estación, retratando momentos importantes con dibujos, fotos, objetos que llamaron su atención, y algún recuerdo de días llenos de aventuras.

Si pasamos un día en la playa, podemos incentivar a nuestro niño a traer consigo una caracola o un poco de arena, los que luego podrá convertir en un recuerdo tangible pegando la arena en una hoja de papel previamente engomada con pegamento en barra y añadiendo con recortes el sol y el agua, creando además un bolsillo de papel para la caracola.

Si se salió d excursión, podemos traer con nosotros hojas, algo de hierba y fotos de animales. Hoy es fácil imprimir las imágenes digitales, las que podrán ir con el conjunto de los tesoros reunidos. Igual con los boletos si es que se visitó algún parque de diversiones.

Gracias al “diario de verano” , el niño tendrá un recuerdo de las estupendas vacaciones vividas, llegando con ganas al momento de volver a la escuela, donde podrá mostrar a sus amigos y maestros, un registro visual y creativo que vale más que la simple composición escrita acerca de lo que se hizo en el verano.

Seguridad en el coche

Las asociaciones europeas de consumidores integradas en ICRT entre las que se encuentra la OCU y los clubes automovilísticos europeos, entre los que se encuentran en España RACE y RACC Automóvil Club han realizado un análisis de la seguridad de las sillas pertenecientes a los diversos grupos que existen en el mercado.

La idea primordial es que la opción más inteligente pasa por utilizar siempre una silla, ya que todas las sillas que se venden en el mercado de los países de la Unión Europea reciben la homologación tras pasar una prueba de simulación de un choque frontal, y la protección que ofrece la peor silla, es mucho más alta que llevar al niño en brazos o sólo con el cinturón de adultos.

La conclusión más relevante que se desprende del estudio es que la seguridad de las sillas ha mejorado pero que aún los fabricantes tienen pendiente mucho trabajo por hacer, ya que ninguna de las sillas ha obtenido el máximo distintivo, 5 estrellas y de las que se venden en España hay cinco modelos que sólo han obtenido una estrella.

Los mejores resultados de la prueba de choque frontal son para las sillas del grupo 0 y 0+, que se colocan en sentido contrario a la marcha. En la prueba del choque lateral, los resultados son, en general satisfactorios: cabeza y pecho bien sujetos en el interior de la silla, energía bien absorbida por el guarnecido a la altura de la cabeza, la silla para niños se mantiene bien en su sitio.

Cómo medir la fiebre

La temperatura de los niños y niñas varía según la edad, hora del día, actividad física y temperatura ambiental. Se considera normal hasta  los 37,2°C en los bebes y 36, 8°C en los mas grandes, medidos a nivel axilar, bucal o timpánico.

En los niños y niñas pequeños resultará preferible utilizar un termómetro axilar y en los mayorcitos se puede medir la temperatura utilizando un termómetro bucal.

Los termómetros digitales resultan más prácticos, rápidos y fáciles de leer. Los termómetros timpánicos son costosos y poco precisos, por lo que los pediatras cada vez los aconsejamos menos.
Los bebes y los niños pueden estar enfermos con una temperatura normal o por debajo de lo normal y algunos niños pueden tener hipertermia leve sin estar enfermos.

Cuando la temperatura asciende hasta 37,8 grados hablamos de febrícula y cuando la supera hablamos de fiebre. Son numerosas las causas que la pueden producir: infecciones virales, bacterianas, parasitarias o micóticas, enfermedades inmunológicas, tumorales y otras.

A pesar de causar malestar, la fiebre no constituye una enfermedad, por el contrario, solo representa un molesto síntoma que corresponde a una reacción corporal ante algún estímulo, por medio de la cual el cuerpo eleva su temperatura, logrando de ésta manera atemperar las consecuencias que dicho estímulo pudiera ocasionar en el organismo.