La supercanastilla del bebé

Ayer estuve visitando a una amiga que acaba de dar a luz. La casa estaba “tomada” por todos los objetos del nuevo miembro de la familia. Apenas tiene 4 días y ya necesita más espacio del que ocupaban sus padres.

El moisés, la cuna, el cambiador, la bañerita, la hamaquita, el cochecito, el “huevo”, montones de ropa, un neceser enorme…Después vendrán la trona, la sillita, la silla del coche, juguetes, la barrera para la cama, el correpasillos, el esterilizador…¿Realmente necesitan todo esto?

Está claro que hay un mínimo de cosas que vamos a necesitar como una cuna, un cochecito o la silla para el coche, pero realmente, muchas de estas cosas son absolutamente innecesarias.

A veces me dicen que soy demasiado hippy, pero odio tener la casa llena de bártulos. Yo he bañado a los niños en la bañera de casa desde siempre, basta con llenarla muy poquito. Para cambiarles, les colocaba encima de la mesa, cubierta antes para que no se enfríen. En lugar de en la hamaquita, ponía a los niños en el “huevo”. No usé barrera para la cama, les rodeaba de almohadas o cojines. No compré esterilizador, simplemente usaba un bote de casa. En vez de correpasillos, usaron una sillita de muñeca. Nunca les puse colonia ni nada que no fuera el aceite que usamos todos y, eso sí, la crema para el culete si lo tenían irritado.

En definitiva, fueron la mitad de cosas las que acumulé. Además, lo pedí todo prestado y me di cuenta que la gente estaba deseando quitarse esos muertos de encima. Cuando no lo necesité más traté de devolverlo, pero no lo quisieron y se lo pasé a otra embarazada.

A lo mejor soy un extremo, pero de verdad creo que no necesitamos todo esto.

Parques de juego: Seguridad ante todo

parque Cuando el clima lo permite, nada mejor que llevar a los chicos al parque, lugar donde no sólo encontraran amigos con quienes jugar y disfrutar un buen rato, sino que también todo un equipamiento con columpios, toboganes y otros juegos.

Pero una agradable salida al parque puede terminar con una visita a la sala de emergencias, ya que muchas veces la infraestructura de los lugares no cuenta con las medidas de seguridad adecuadas, y que facilitan que los niños sufran algún accidente.

Por eso en Demamas te contamos cómo saber si es que los juegos de un parque entregan la seguridad necesaria para nuestros niños.

  • El área de juego debe estar rodeada por un enrejado que evite que los chicos se pierdan al salir corriendo o incluso lleguen a la calle
  • La mayoría de los juegos están pensados para niños medianos y pueden resultar peligrosos para los más pequeños. Asegúrate que el parque tenga instalaciones para los más chiquitos con toboganes bajos y columpios con asientos que impidan las caídas.
  • Los juegos dirigidos a niños pequeños deben estar separados de aquellos pensados para los más grandes, ya que al correr en el mismo espacio pueden caerse o chocar entre ellos.
  • Si el equipamiento es de fierro o metal, revisa que no existan puntas filosas o zonas oxidadas, ya que podrían provocar cortes e infecciones.
  • Evita que tus niños jueguen en áreas donde haya perros u otros animales sueltos previniendo mordeduras, ya que los chicos pueden alterarlos sin saberlo además de la posibilidad que éstos dejen sus heces en la zona de juegos
  • Las escaleras para subir a toboganes u otros juegos en altura deben estar en perfecta condición y dar a los chicos la posibilidad de sujetar con facilidad sus manos y pies. Aquellas hechas de cuerdas en red son peligrosas, ya que no sólo pueden facilitan las caídas, sino que también torceduras al quedar alguna extremidad atrapada
  • El suelo bajo el área de juegos debe ser de un material blando que amortigüe las caídas. Lo ideal son superficies lisas pero con una carpeta acolchada
  • Si existe una caja de arena no permitas que tus niños jueguen en ella, ya que pueden esconder bajo su superficie vidrios, cosas filosas e incluso excrementos de animales
  • En caso de juegos hechos de madera, ten cuidado con las astillas que pudiesen estar presentes, ya que pueden enterrarse en las manos de los niños
  • Ojala todas las barras, fierros o estructuras duras estén protegidos con acolchado, ya que los pequeños suelen golpearse en ellas, y al estar cubiertas se evitan accidentes mayores.

Imagen: NJ playgrounds

Los padres que callan

ks14940.jpgSi bien en la actualidad  la madres tienen un conocimiento bastante amplio sobre los posibles métodos anticonceptivos y no existe el pudor   tan exacerbado a hablar de estos temas, antiguamente, “tabú”, sin embargo, la falta de comunicación, este diálogo insustituible con sus hijos hace que los jóvenes no estén lo suficientemente informados.

A veces el miedo de la familia está en que si toca ciertos temas, lo que está haciendo no es prevención sino estimular al hijo a que experimente lo nuevo y cometa excesos. Los padres que no hablan con sus hijos cuando lo necesitan , callan porque temen hacer daño en vez de ayudar.

Pero los padres deberíamos saber que si no hablamos a tiempo, nuestros hijos conocen el tema desde otras personas, amigos, conocidos, o en el peor de los casos se dejan llevar por los medios de comunicación que hacen del sexo un concepto muy limitado, muchas veces con errores de conceptos y sin valores.

 Los valores humanos hacen de la sexualidad una parte muy valiosa de las personas. Entonces es obligación de los padres transmitirlos. Las familias que abordan esta problemática con sus hijos abren un canal de diálogo que protege a los chicos de tantos mitos, la ignorancia y la soledad cuando tengan que afrontar decisiones y así procurar cuidado y construir una sexualidad responsable.

 

Los peligros de no inmunizar a nuestros niños

En varios países se han alzado algunos movimientos que llaman a los padres a no vacunar a sus niños, aduciendo como razones de que se trata de un negocio de los laboratorios o que las reacciones secundarias que pueden provocar, pasan por sobre sus beneficios.

vacuna No pueden estar más equivocados. Es gracias a la introducción de las vacunas que el ser humano ha logrado vencer enfermedades que antes eran tan comunes como mortales; Tos Ferina, Sarampión, Rubéola, Poliomielitis, etc. Hoy dichos males están erradicados de la mayoría de los países desarrollados y en proceso de hacerlo en otros.

Pero un niño que no es inmunizado según lo indica el calendario elaborado por médicos especialistas en cada país, no sólo arriesga su salud, sino que también la de otros chicos y adultos con los que está en contacto, ya que gracias a esa práctica lograron que muchos virus controlados mutaran, enfermando a niños que, por su edad, aún no han recibido ciertas vacunas y a personas que por alguna causa están más sensibles a padecerlas. Excelentes ejemplos son el sarampión en los menores de un año y la rubéola en las embarazadas.

El calendario de vacunación, cubierto por los planes de salud del gobierno, debe ser una prioridad de los padres en el cuidado y planificación de la prevención de enfermedades en el niño. Si los padres lo desean o el pedíatra lo recomienda por alguna razón especial, también existen vacunas contra otros males como la hepatitis (A y B,) y campañas especiales de inmunización ante virus de temporada (gripe.)

Seamos responsables no sólo con nuestros hijos sino que con el resto, dejando de lado creencias falsas. La mayoría de las vacunas sólo provocan un pinchacito en el brazo y quizá un pequeño malestar que se va con los días, trayendo consigo beneficios para el resto de su vida.

Imagen: Club Madres

Del puré a los sólidos

Es posible que tu bebé tenga buen apetito, pero probablemente no tenga muchos dientes, así que empieza con alimentos que pueda "masticar" con las encías o que se disuelvan fácilmente en su boca. En unos cuantos meses podrás darle pedacitos de cualquier cosa que estás comiendo.
Recuerda que tu bebé está aprendiendo acerca del sabor, la textura, el color y el aroma de la comida al alimentarse solito, así que trata de ofrecerle varios alimentos distintos. La comida debe ser fácil de manejar, pero no presentar un riesgo de que se atragante. Y asegúrate de elegir comida apropiada para su edad.

Aquí tienes una lista de algunos de los alimentos que más les gustan para coger con los dedos:
• Cereales de desayuno con bajo contenido de azúcar y que se deshagan en la boca. 
• Trocitos de galletas especiales para bebés o de galletas que se ablanden en la boca.
• Pan ligeramente tostado (untado con puré de verduras para que contenga más vitaminas)
• Pedacitos de plátano o de otra fruta bien madura, pelada y sin semilla, como ciruela, melocotón, sandía o melón.
• Espirales de pasta bien cocidas, cortadas en pedacitos
• Trocitos muy pequeños de queso
• Huevo duro a trocitos (después de los 12 meses)
• Pedacitos de verduras bien cocidas, como zanahorias, guisantes, calabacines, patatas y boniatos
• "Arbolitos" pequeños, muy cocidos, de brócoli o coliflor
• Trocitos del tamaño de un guisante de pollo cocido o de alguna otra carne suave cocida
• Galletitas de aperitivo (sin mucha sal) o tortitas de arroz cortadas en pedacitos pequeños

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No asustemos a los niños

 

viejo del saco

 

Hace unos días me encontraba en el jardín de casa con Nicolás de dos años y su abuela. Nico se sentó en suelo que estaba con polvo, de inmediato su abuela le dijo que se levante porque iban a venir las arañas a morderle.

Al día siguiente, estaba sola con el niño en el jardín y el pequeño veía arañas por todos lados, incluso estaba atemorizado con las hormigas. Su abuela, en el intento de que Nico se levantara del suele y no se ensucie, terminó infringiéndole un miedo continuo que le tenía viendo arañas donde no las habían.

Le explique que no debía temerles a las arañas y hormigas, puesto que eran más pequeñas que él. Ellas debían temerle, porque él es más grande. La explicación satisfago a Nicolás y por suerte pude reparar el daño causado.

Existen miles de formas de corregir una conducta sin tener que recurrir a artimañas anticuadas y dañinas. Las historias del hombre de la bolsa que se lleva a los chicos que no se comen su cena, monstruos que se comen a los que no obedecen, y cientos de disparates, son pan de cada día en la educación de mucho niños, que terminan sufriendo de terrores innecesarios.

De pequeños, a mi hermano y a mi nos dijeron que si nos portábamos mal, nos iba a llevar el camión recolector. Cada vez que escuchábamos que venía, el pánico aparecía y corríamos a escondernos. Estábamos realmente asustados.

Muchos de esos miedos pueden traspasar la infancia y llegar a convertirse en fobias en la adolescencia y adultez. Si explicamos las cosas con paciencia y honestidad, los pequeños van a entender. Sólo hay que darles tiempo.