¡Mi hijo es un desastre!

Es raro que tu hija o hijo acabe el día sin haber perdido algo en el cole, en el patio o en oras actividades. ¡Y a las madres y padres les pone de los nervios! Aquí van algunas pautas para hacer que sea más responsable con sus cosas y que los hábitos le hagan estar más atento o atenta.

Hay que tener en cuenta que no podemos cambiar su carácter (si es despistado, es despistado) pero si mejorar su atención.

En primer lugar deberemos marcar todas sus cosas para que, si las pierde, pueda encontrarlas con facilidad. Eso si, deberá ser el o ella quien las busque, no el padre o la madre. Deben empezar a adquirir sentido de responsabilidad con su material.

En vez de recriminarle lo despistado o despistada que es, debemos explicarles lo que significan sus constantes pérdidas: nuevo gasto de dinero en material, molestias a otras personas…Y reiterar que tiene que ser cuidadosos y cuidadosas con sus pertenencias.

Tampoco debemos hacer un drama del asunto porque podríamos causarles angustia y malestar. Hay que ser más racional explicándoles que son sus cosas y que si las pierden deben ser responsables y preocuparse por recuperarlas.

Si se olvida algo en casa, no debemos ir corriendo a dárselo al cole. Debe darse cuanta por él o ella misma y si le riñen, asumirlo. Aunque a las madres y padres nos duela, deben aprender por si mismos.

Por último, a pesar de todo debe saber que confías en él o ella y así se esforzará más la próxima vez.

niña

Frío y resfriados

Una de las razones por las que los niños y niñas se resfrían mucho es que sus sistemas inmunitarios no están totalmente desarrollados, lo que los hace más vulnerables a las enfermedades. Además, existen más de 200 virus diferentes que producen el resfriado común.El niño tendría que sufrir todos esos resfriados para ser inmune a ellos.

A medida que crezca, es probable que explore, toque y se lleve a la boca todo tipo de cosas, de manera que será muy fácil que pasen a sus manos los virus que causan resfriados. Si se lleva los dedos a la boca o a la nariz, o se frota los ojos, el virus le afectará.

Tu hijo o hija puede enfermar con más frecuencia durante los meses de otoño e invierno porque el aire frío y la calefacción de los ambientes cerrados secan sus membranas nasales, lo que facilita el ingreso de estos virus. Además, cuando hace frío pasa más horas adentro, donde los virus se pueden propagar con más facilidad de una persona a la otra.

La mayoría de los niños y niñas tienen, en promedio, entre seis y diez resfriados al año. En las familias con niños que van a la guardería o a la escuela, el número de resfriados puede alcanzar los 12 al año. El promedio de resfriados en una persona adulta es de dos a cuatro por año.

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Miedo a los y las médicos

La sensación de inseguridad ante una situación desconocida, el contacto con personas extrañas que invaden su espacio vital y unos procedimientos que en algunos casos son dolorosos y que en otros incluso requieren que se separe de su madre (hospitalizaciones, radiografías, etc.) son los ingredientes de un cóctel que, mezclado con su gran imaginación, contribuye a que el niño perciba el ámbito médico como una amenaza a su bienestar.

El miedo a los médicos y hospitales es evolutivamente comprensible y frecuente en los niños de corta edad, sobre todo alrededor de los 5-6 años, pero de él no están exentos ni adolescentes ni muchos adultos.

Muchos padres, con su mejor intención, con tal de ahorrarle un berrinche, llevan al niño al médico “engañado”. Puede que esté ajeno a la situación hasta el momento de entrar en la consulta, pero esta forma de actuar no le ayuda a vencer su miedo, solamente le confunde, hace que se sienta traicionado, le provoca desconfianza hacia el adulto y puede crearle ansiedad cuando, en el futuro, vaya a otros lugares.

Es conveniente que se le explique el motivo de la consulta (revisiones, pruebas médicas u hospitalizaciones), el procedimiento que se seguirá, quién lo llevará a cabo, qué instrumental utilizará, si va a ser doloroso o incómodo y si va a necesitar un tiempo de convalecencia. Proporcionarle información permitirá que el niño se prepare, incluso se pueden conseguir actitudes cooperativas, como, por ejemplo, sujetar el instrumental.

Bebés con síndrome de Down

El síndrome de Down es una anomalía cromosómica que tiene lugar en 1,3 de cada 1.000 nacimientos. Sin embargo, es más común en niños y niñas de madres que tienen más de 35 años de edad al dar a luz. Por alguna razón que se desconoce, un error en el desarrollo de las células hace que se produzcan 47 cromosomas en lugar de los 46 habituales, y este material genético adicional cambia ligeramente el desarrollo metódico del cuerpo y el cerebro. Se calcula que en España, el número de personas con síndrome de Down asciende a 250.000.

Los bebés con este trastorno tienen más similitudes que diferencias si se los compara con otros niños y niñas en su etapa de desarrollo. Y a medida que crecen, existe una gran diversidad entre ellos en cuanto a personalidad, estilos de aprendizaje, inteligencia, aspecto, humor, compasión, simpatía y actitud.

Los niños y niñas con esta anomalía necesitan los mismos cuidados, la misma atención y la misma integración a la vida comunitaria que el resto de menores. Al igual que ocurre con todos los niños y niñas, es importante ofrecerle a tu hijo con síndrome de Down una buena educación en el centro preescolar y en las escuelas de tu Comunidad, así como en tu casa, para garantizarle las oportunidades que necesita para desarrollar habilidades académicas sólidas.

Intoxicación por plomo en niños

Los pequeños tienden a explorar y revisar cada objeto o lugar donde se encuentren, en un proceso por conocer el mundo. Pero en algunas ocasiones ello puede traerles problemas, ya que existe la posibilidad que ingieran compuestos peligrosos.

plomo Son cientos los niños y bebés que cada año sufren de intoxicación por plomo, producto que si bien está prohibido para su utilización en juguetes y pintura, aún continúa presente en viviendas y edificios antiguos.

Los síntomas suelen presentarse a través de cambios de comportamiento; los niños estarán irritables, no tendrán ganas de jugar, comer o realizar cualquier actividad. Con el correr de los días aparecen vómitos, dolores de cabeza e incluso convulsiones debido a la toxicidad que llega al cerebro.

Ante la aparición de las primeras señales es esencial el visitar la sala de emergencias, donde a través de exámenes de sangre podrán detectar el nivel de plomo en el organismo de los chicos, pudiendo iniciar un tratamiento que lo disminuya. Si se actúa a tiempo, el niño logra recuperarse sin secuelas.

En caso de vivir en un edificio o casa vieja, lo ideal es analizar la pintura y componentes. Si tienen plomo, debemos reemplazarlos por productos libres del compuesto y de todas formas hacer revisar a los chicos, aún cuando no presenten síntomas, como una manera de asegurar que se encuentren bien de salud.

Imagen: Hoy Mujer

Obesidad y alergias

Según un reciente estudio, los niños y niñas obesos son un 26% más propensos a tener algún tipo de alergia, especialmente a los alimentos. El estudio no relaciona directamente ambas patologías, pero sí remarca la necesidad de un cuidado especial en la salud de los pequeños y los jóvenes en cuanto al peso corporal adecuado.

Se trata de una investigación realizada en el Instituto Nacional de Ciencias de la Salud Ambiental de Estados Unidos para la que se analizaron los datos de 4.000 niños, niñas y jóvenes de 2 a 19 años, incluida información sobre alergias y asma.

La tasa de alergia alimenticia fue un 59% mayor en los chicos y chicas obesos, una cifra realmente alta y que pone la alerta sobre este problema tan extendido.

Y es que recordemos que la obesidad, uno de los males de nuestro tiempo en países desarrollados, no sólo causa problemas físicos, sino también psicológico, por lo que no hay que bajar la guardia ante este problema.

Se deben poner todos los medios al alcance para evitarlo, empezando por la lactancia materna y una alimentación correcta y sana acompañada de un adecuado ejercicio físico y hábitos sanos desde los primeros años de vida. Como vemos, no es de extrañar que tanto la obesidad como las alergias infantiles se hayan incrementado tanto en los últimos tiempos.